viernes, 6 de junio de 2014

El púlpito vacío

Esta nota la escribí a pedido del periodista Pablo Makovsky quien la editó para el semanario Cruz del Sur que se publica en Rosario. 


Después de ciento cuarenta años los sacerdotes salesianos del Colegio Don Bosco se irán de San Nicolás, Buenos Aires, a 70 kilómetros de Rosario. Sólo quedan cuatro curas y no pueden atender la iglesia María Auxiliadora, de la que se harán cargo sacerdotes diocesanos, y el colegio, que será administrado por laicos. Finalizará así en la ciudad la primera misión salesiana de América. Según el padre Ignacio Valdez, director de la Obra Salesiana en San Nicolás, el proyecto es casi un hecho y será planteado al padre inspector Mario Cayo en el mes de agosto cuando visite la centenaria casa salesiana.
El colegio y la iglesia
La Obra salesiana de San Nicolás fue la primera misión enviada por Don Bosco fuera de Europa (la primera fue Francia). Los salesianos llegaron a la ciudad del norte bonaerense en 1875 y entablaron una fuerte relación con la historia de la ciudad. Fundaron el primer colegio secundario, ayudaron a desarrollar la industria vitivinícola, crearon un museo de ciencias naturales que alberga una de las colecciones de caracoles más importantes del país y formaron a una gran cantidad de dirigentes políticos de todo el arco político.
En la década del setenta los salesianos del Don Bosco apostaron por la evangelización en las villas y decidieron aplicar de lleno las enseñanzas del Concilio Vaticano Segundo, lo que les costó que sus sacerdotes fueran perseguidos y que algunos de sus estudiantes engrosaran las listas de desaparecidos y encarcelados. Por estos días se realiza en San Nicolás el juicio por delitos de lesa humanidad cometidos durante la dictadura en la zona norte de la provincia de Buenos Aires y una de las causas lleva el nombre de “Alumnos del Colegio Don Bosco”.

Estudios superiores

El establecimiento de la primera misión salesiana en América empezó por la conjunción de dos sueños. El de Don Bosco, en Turín, de evangelizar la Patagonia, y el de la sociedad ilustrada nicoleña, deseosa de tener un Colegio secundario para que sus hijos no tuvieran que abandonar la ciudad para estudiar.
En el año 1875 San Nicolás era una ciudad próspera. Poblada desde 1608, en 1819 fue declarada ciudad en retribución a la colaboración prestada en las Guerras de la  Independencia. En 1852 se produjo el hecho político más importante de la época, que después se convertiría en el acontecimiento histórico más destacado de la ciudad. Sofocado Juan Manuel de Rosas, los gobernadores provinciales la eligieron para firmar el Acuerdo que al año siguiente permitió la conformación de la Constitución Nacional. El hecho se recuerda como El Acuerdo de San Nicolás.
Entre la dirigencia de la segunda mitad del siglo XIX se destacaba la estampa de un próspero hacendado que había logrado meterse en la vida política: José Francisco Benítez. Su vasta biblioteca se componía no solo de obras clásicas, también religiosas, ya que era un devoto creyente.  Fue su fe la que lo acercó a la obra de los Padres Salesianos que el sacerdote Juan Bosco dirigía en la ciudad Italiana de Turín.
En Italia, Juan Bosco soñaba con evangelizar la Patagonia y así extender a América la congregación salesiana y su carisma educativo. Por otra parte, hasta el año 1876 solo había escuelas de educación primaria en San Nicolás. A  pesar de que era la segunda en importancia en la provincia de Buenos Aires, los hijos de la sociedad nicoleña debían emigrar para continuar sus estudios secundarios. Don Bosco precisaba una base de operaciones en Argentina donde enviar a sus sacerdotes.
El influyente político José Francisco Benítez supo comprender la coyuntura y se hizo cargo de la situación. Sus buenas relaciones con el arzobispo de Buenos Aires, monseñor León Federico Aneiros, y con el párroco de la ciudad, Pedro Cecarelli, lo conectaron con Juan Bosco.
Benítez y Don Bosco intercambiaron largas y fluidas cartas con la intención de negociar el desembarco salesiano en América. Al cura no sólo le llamaba la atención el interés por su obra desde una pequeña ciudad de América sino, más aún, que su corresponsal le escribiera en latín. Benítez le contaba en sus cartas de la gran inmigración italiana a la ciudad y de sus necesidades educativas.
Ofrecía a Don Bosco pagarle cinco pasajes para traer a sus sacerdotes y hacer gestiones con  el presidente de la Comisión Municipal, el mitrista Pedro Zaracondegui, para que les permita a los salesianos hacerse cargo de atender el Colegio San Nicolás en un edificio que estaba ubicado en las barrancas del río Paraná.
La gestión fue exitosa y siete padres salesianos llegaron a San Nicolás en el vapor Luján  el 23 de diciembre de 1875. El jefe de la expedición fue el cura Juan Cagliero. La ciudad los recibió con una fiesta popular encabezada por el párroco Pedro Cecarelli, José Benítez, las autoridades de la ciudad, la alta sociedad y un grupo enorme de inmigrantes italianos, sobre todo genoveses, que habían comenzado a cultivar la inhóspita campiña nicoleña con verduras, frutales y, sobre todo, viñedos.

Los quinteros

Muy rápido los salesianos y los genoveses crearon una alianza que les permitió ayudarse mutuamente. Los sacerdotes colaboraron con el desarrollo de la vitivinicultura local, que luego se convirtió en una industria que duró cien años, y los genoveses lograron salvar la obra de Don Bosco cuando sufrió, como quizá lo está sufriendo ahora, el primer obstáculo grande para su permanencia en la ciudad.
A fines del siglo XIX cambió la orientación política del gobierno municipal de San Nicolás y aquellos dirigentes que trajeron a los salesianos ya no estaban en el poder. En 1895 asumió el intendente José Goiburu, un abogado de dudosa reputación que era permeable a la influencia masónica que competía en el ámbito educativo con las congregaciones religiosas. Los salesianos tenían su colegio en un edificio que era propiedad del Estado municipal y que había sido cedido para tal fin.
El Intendente consideraba con desagrado la gestión de un edificio público en manos privadas, y máxime si esas manos eran las mismas que santiguaban todos los días en la misa. La protección política que los salesianos habían tenido por parte del influyente José Benítez se diluía a medida que políticos ligados a la masonería obtenían un acceso directo al despacho del intendente. Esos intereses presionaron a los salesianos para que desalojaran el edificio que ocupaba el colegio. Los salesianos no pudieron hacer frente a la fuerza de esa oposición encarnada en el estado y decidieron replegarse y comenzar a pensar en una nueva ubicación.
Los curas encontraron en los quinteros genoveses a los aliados que necesitaban para construir la segunda etapa del proyecto salesiano en San Nicolás. Los quinteros ofrecieron el terreno, la financiación y, en muchos casos, la mano de obra para construir un colegio y una iglesia. La construyeron en el límite, donde la ciudad se hacía quintas. La construcción puede considerarse una hazaña para la época si se tiene en cuenta que recién ocho años después la municipalidad terminaría un edificio de dimensiones similares para el funcionamiento del teatro Rafael de Aguiar. Recién cinco años después se construiría el Palacio Municipal.
Todavía no estaba construido el Palacio de Tribunales ni el del Banco de la Nación, que fueron las obras arquitectónicas que le dieron a la ciudad su aire de modernidad. Don Bosco le envió a los quinteros una carta en agradecimiento por el aporte. Hoy, ciento cuarenta años después, parece que todo el peso de esa historia no alcanza para conservar este lugar soñado por el santo.



Carisma

La semana pasada el obispo de San Nicolás Héctor Cardelli se enteró de la noticia por los medios. Es que las órdenes religiosas responden a sus superiores y no a las divisiones religiosas territoriales. Cardelli se mostró muy apenado de la decisión tomada por los salesianos. Aseguró que hará lo posible para evitar el éxodo e inclusive redobló la apuesta. Propuso que, siendo esta la casa histórica de los salesianos en América, antes que achicarse debería instalarse aquí la Inspectoría (que es la autoridad máxima de la orden). Lo que Cardelli no se explica es el por qué de la merma en las vocaciones religiosas salesianas. No ocurre lo mismo en la orden diocesana.
“Nosotros tenemos catorce seminaristas”, dijo y agregó: “Tiene que ver con cada congregación. Cada congregación tiene un carisma. San Juan Bosco lo imprimió en los hijos que lo iban a suceder en la obra que él fundaba. Si la juventud no descubre o no se siente convocada por ese carisma opta por otro camino de vida consagrada. El tema del carisma juega aquí un rol decisivo”.
También algunos laicos y ex alumnos se movilizaron a través de las redes sociales para evitar la pérdida e incluso lograron colar una carta de lectores en el diario Clarín. Es que durante muchos años ser alumno del Don Bosco en San Nicolás era por sí mismo una carta de presentación. Pero los tiempos cambiaron para la orden religiosa. Cada vez tiene menos vocaciones y ya casi no hay sacerdotes para vivir la vida en comunidad.
Iglesia María Auxiliadora
Quedan solo cuatro curas en San Nicolás, de los cuales uno está muy viejito y al otro le amputaron una pierna. Los otros dos sacerdotes se reparten como pueden las tareas pastorales y educativas y no dan abasto. Esta situación no es exclusiva de San Nicolás. Ya muchas ciudades debieron dejar el colegio en manos de laicos e inclusive perdieron parroquias. Pasó en Funes y en Venado Tuerto, Santa Fe; en Resistencia, Chaco; en Corrientes, etcétera.
El desmembramiento de la orden salesiana en San Nicolás comenzó tiempo atrás. En los años ochenta la parroquia abarcaba toda la zona sur de la ciudad, desde el colegio hasta el barrio Somisa, aproximadamente siete kilómetros y cuarenta mil habitantes.  Pero en la década del noventa, y también por falta de sacerdotes, se redujo a una pequeña franja de la ciudad.
La década del noventa le dio un fuerte golpe a la economía de una ciudad con industrias privatizadas, donde la seguridad del pleno empleo se desmoronó en un 30% de desocupación. Para sustentarse, los salesianos debieron lotear una de las tres hectáreas que les donaron los quinteros genoveses del siglo XIX. La otra, que fue patio de deportes y terreno para que se instalaran circos y parques, hoy es una plaza que administra la municipalidad. Es cierto que por aquellos años se construyeron cuatro nuevas aulas en la escuela, pero también se derrumbó el cine teatro que para varias generaciones funcionó como cine y fue un semillero del rock nicoleño en los años 70.
Como si los salesianos se hubieran ido yendo de a poco y el sueño que Don Bosco tuvo hace 140 años se esfumara en la vigilia de los nuevos tiempos.